MI ENCUENTRO CON LAS FARC
| 28 marzo, 2012 | Publicado en Terrorismo |
Retornábamos de Bogotá luego de haber entrevistado al exiliado Alan García, quien ya alistaba su vuelta al Perú para la elecciones del 2001. En el aeropuerto, un joven se nos acercó y preguntó si éramos periodistas peruanos. Tras asentir, el hombre se identificó como un emisario de las FARC y afirmó que a ese grupo le interesaba contactar con prensa peruana. Nos pareció risible, a mi camarógrafo y a mí nos llamó la atención que ese movimiento trabaje con “Relaciones Públicas”. Temimos también por lo que realmente nos quería ofrecer…. Ciertamente nos desconcertó.
Nos entregó un papel con un número telefónico, nos pidió discreción y quedó a la espera de nuestra llamada. Nos preguntamos en el avión que sería esto. ¿Nos querían robar equipos? ¿secuestrarnos? ¿Un chistoso?
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En Lima, el jefe saltó hasta el techo de alegría, nos dijo que nunca las FARC había dado entrevista a un medio peruano y que lo peor que nos podría pasar era que nos secuestraran, pero igual íbamos a hacer noticia. Así que llamé. El tipo me dio la certeza de que si cumplíamos sus pasos tendríamos la nota. Entonces preparamos el viaje.
Marco fue mi camarógrafo. En el aeropuerto “El Dorado” de Bogotá nos iba a esperar una persona con santo y seña y debíamos ir en una camioneta roja. Nada de grabar por el momento, sino se cancelaba el trato. Al día siguiente, tomamos un vuelo hasta Florencia y de allí por tierra fuimos a San Vicente del Caguán, zona liberada de los guerrilleros de las FARC en 1998.

El vuelo de Bogotá a Florencia prácticamente lo hicimos solos. No había pasajeros. Al llegar nos esperaba un auto blanco. Dormimos en Florencia y no salimos para nada del hotel. Selva pura, muy parecida a Tocache o Uchiza.
En el hotel, rostros nos miran de reojo. Definitivamente éramos vigilados. En la madrugada nos tocaron la puerta y nos dijeron que teníamos que partir. Fuimos en un taxi antiguo por una extensa carretera hacía San Vicente. En algunas casas vimos pintas de todos los grupos de la convulsionada Colombia. De las Farc, los paramilitares, AUC Autodefensas Unidas, ELN, en fin… Ya estábamos en territorio peligroso.
A una hora de camino estaba el último retén o control militar. Allí nos revisaron los equipos, nos dijeron que más adelante ya era territorio liberado y que lo demás era por cuenta y riesgo propio. El taxista nos dejó ahí y ya podíamos grabar. Caminamos un buen trecho bajo el intenso calor hasta que apreciamos otro retén, pero esta vez al mando de jovencitos. Hombres y mujeres armados con fusiles, impecablemente vestidos quienes sabían de nuestra llegada y nos dijeron que preguntemos por Jairo o Vladimir. Años más tarde se supo que en esta misma ruta de Florencia a San Vicente del Caguán fue secuestrada Ingrid Betancourt.
Nos miramos con Marco y pensamos, ya estamos aquí, que venga lo que venga.
San Vicente del Caguán es un pueblo pequeño típico de la selva con su plazuela e iglesia. Alrededor vimos a mucha gente armada, patrullando la zona. Los pocos pobladores que se quedaron a convivir con las FARC se mostraban cautos y temerosos de hablar.
Nos atendió el camarada Iván, el Jefe político Militar de la zona del Caguán y con él conversamos sobre el por qué del accionar de las FARC y todo lo que significaba ese grupo alzado en armas, el más antiguo de América. Le pedimos una entrevista con su líder máximo Manuel Marulanda, a quien se conocía como “Tirofijo” y nos negó el encuentro. Grabamos a los jóvenes, vimos un entrenamiento de rutina. Esto se desarrollaba mientras las FARC iniciaban un diálogo de paz con el gobierno del Presidente Pastrana.

Insistimos en hablar con algún otro dirigente y el “camarada Iván” coordinó para que el número dos de ese grupo, “el canciller” Raúl Reyes, nos dé por lo menos unos minutos. Pero nos advirtió que debíamos ir vendados, sin grabar en el camino y la caminata duraría otras dos horas.
Arriesgamos y fuimos caminando en la espesura de la selva. Al cabo de varias horas, nos retiraron la venda, prendimos la cámara y se dio el encuentro con el “comandante Jairo”, Raúl Reyes.
Imaginaba un hombre rudo, adusto, firme. Pero nos saludó un tipo menudo, atento, con pinta de sacerdote que estaba muy apurado. No se negó a unas fotos y dialogamos. Nadie pensaría que este hombre era el que manejaba operativamente a las FARC. Raúl Reyes “Jairo” era en realidad Luis Edgard Devia Silva, quien murió en un bombardeo en territorio de Ecuador.
Fue en marzo del 2008. Definitivamente un duro golpe del gobierno colombiano a este grupo. Desarticulada la dirigencia, se ofreció 2 millones y medio de dólares por la cabeza de “Iván”, quien fue nuestro anfitrión.
A los dos días de la muerte de Reyes, el ejército colombiano presentó el cuerpo del “camarada Iván”, Manuel de Jesús Muñoz Ortiz quien recibió un balazo en la frente. El fue muerto por su propio jefe de seguridad “Rojas” quién además le cortó la mano derecha para demostrar las huellas dactilares de su víctima y cobrar la suculenta recompensa.
Así informó la prensa colombiana:
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Revelan videos y fotos de muerte de comandante de las Farc alias “Iván Ríos”
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El presente artículo en este blog sólo pretende dar a conocer las anécdotas que pasa un reportero, testigo de hechos que jamás hubiera pensado vivir.
Sendero nos atacó
| 23 febrero, 2012 | Publicado en Todas |
Con la caída de Abimael Guzmán en 1992, y las detenciones de los principales cabecillas del comité central de Sendero Luminoso, las fuerzas combinadas de la policía y el Ejército decidieron ir tras los pasos de “Feliciano” y “Artemio” que quedaron con el control del desarticulado grupo terrorista.
Artemio se refugió en el Huallaga y Feliciano fue capturado años más tarde cerca a Huancayo.
En los 90s ya se escuchaba la frase: -”estamos tras los pasos de Artemio” - -“está cercado”- , “cayó su lugarteniente”, pero en realidad, nada.
Los programas periodísticos de televisión, entonces de investigación, buscaban coordinar con el Ejército para internase en el Huallaga y participar de los operativos. Hasta que me tocó.
Trepamos un helicóptero artillado lleno de soldados, con las municiones sobre el cuello y la adrenalina al máximo.
Sobrevuelos rasantes sobre el río Huallaga. Al ver la espesura de la selva difícilmente se puede saber dónde exactamente nos ubicamos. El calor agobia con los más de 30 grados de temperatura. Así iniciamos una de las tantas búsquedas de “Artemio”.
Tres días en el monte. Disparos por todos lados pero nada más. No tuvimos mucha suerte aunque logramos conseguir la nueva estructura de Sendero Rojo en el Huallaga. Con los nombres de los nuevos mandos senderistas y las imágenes de la operación militar, nuestra nota quedaba redonda.
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Era momento de retornar a Lima. “Chopita” iba al volante, el “chato” César se echó atrás luego de guardar sus equipos en la tolva y yo tomé el lado derecho de “chopa” como copiloto.
Era viernes de noche. La jornada que nos esperaba era por demás conocida. Llegar a Lima, luego el sábado a ver los videos grabados, redactar el informe y empezar a editar hasta amanecernos para la emisión del domingo. El lunes emprender una nueva aventura.
-“corre chopa, lleguemos rápido a Lima para poder descansar “-
Salimos de Tingo María casi al ocultarse el sol. De noche íbamos por la carretera a Huánuco. Sólo divisábamos los vehículos que iban en sentido contrario con las luces altas encendidas. Después todo es oscuro. Hacia la izquierda cerros y montes y a la derecha abismo. Hay que ir con cuidado de noche.
Recorrimos cerca de 40 minutos cuando de pronto una larga fila de autos parados nos impidó el paso. Para adelantar teníamos que ocupar el carril contrario que se tornaba peligroso. Pensamos que se trataba de un accidente, pero apurados decidimos arriesgar y avanzar por el carril contrario. Más cerca vimos que unos hombres con uniforme militar y fusiles eran los que habían parado el tránsito de ida y de venida.” Ah, qué alivio”, dijimos. “Venimos de hacer operativo con el Ejército así que fácilmente nos dejarán pasar”. Pero a 15 metros divisé que esos soldados tenían vinchas rojas con las inscripciones P.C.P. y brazaletes con la hoz y el martillo. “¡son terroristas!”. “Chopita” ya no podía retroceder pues otros autos nos siguieron y a la derecha teníamos otra fila de vehículos. En segundos pensamos que hacer. Si revisaban el auto podían ver el material que llevábamos acerca de la organización de Sendero. En esos años, a los que no eran del lugar simplemente los mataban. Si nos identificábamos corríamos el riesgo de empeorar las cosas. Nuestro canal había emprendido una lucha frontal contra el terrorismo y por eso nos lanzaron un camión bomba y mataron a 3 en 1992.
De pronto nuestro conductor gritó “¡agáchense!”. Pisó el acelerador y en cuestión de segundos cruzó a velocidad por el retén de terroristas que se lanzaron hacia atrás y dispararon ráfagas de metralletas contra nuestra unidad.
Escuché por lo menos 20 a 30 disparos que impactaron en la camioneta. Sentí morir pero sabía que avanzábamos. Miré a “Chopita” que seguía al volante agazapado en su asiento. Atrás César entró en pánico y gritábamos preguntando si todos estábamos bien.
Así avanzamos 300 metros y los disparos se seguían escuchando a lo lejos. Hasta que el carro ya no pudo más. Una de las llantas estaba totalmente destrozada. Nos sosteníamos sobre el aro. Peor aún, la de repuesto también sufrió el impacto de una bala y no pudimos utilizarla.
Teníamos el temor que vinieran por nosotros. César propuso arrojar el auto al abismo y escondernos en unos matorrales. “Chopita” y yo planteamos continuar forzando la unidad hasta donde se pueda.
Llegamos así hasta la base militar de Chinchao. “¡Alto, quién vive!” Salieron a hacernos frente los soldados del cuartel que vieron nuestra unidad atacada. Les explicamos el asunto y pedimos protección.
Esa noche no pudimos dormir. Nos quedamos en la camioneta y esperamos el amanecer para ir a Huánuco a comprar llantas y partir a Lima. Los tres prometimos volver… algún día. (más…)
Una caída que pudo ser fatal
| 16 febrero, 2012 | Publicado en Todas |
Como todos los días recibí mi cuadro de comisiones en papel cebolla y manchado con el carbón que se utilizaba para las 6 copias que se repartían en la sala de prensa…
Tres comisiones al día, todas programadas, pero siempre esperando algo más interesante que nos cambie la rutina y traer algo más de acción, como le gustaba al jefe a quien llamábamos “el loco”.
Y se dio… yo era el equipo 6… usábamos radio transistores para comunicarnos pues aún no aparecía el celular.
-“Seis, seis… diríjase al municipio de San Martín… trabajadores toman el local y hay explosiones…”.
La voz del operador del scanner nos ordenaba cubrir una emergencia.
“Coladera” nos apuraba y nos iba informando lo que captaba en la radio policial para meternos presión y llegar rápido… “Coladera” le llamaban, pues muchos decían que se le pasaba todo… Yo siempre pensé lo contrario…
Llegamos en un dos por tres y ya a varias cuadras se veía una inmensa humareda que señalaba que había acción… era lo nuestro…
La policía rodeó el municipio. Adentro los trabajadores ediles de tendencia radical hacían escuchar explosiones y pedían la salida del alcalde…
Nuestras cámaras eran del formato ¾… es decir, el chofer-auxiliar tenía que cargar una pesada casetera donde enganchaba una cinta tamaño de una biblia…de allí se conectaba un cable a la cámara y también un cable de micrófono para el reportero… los tres obligadamente teníamos que andar juntos, pues el estilo del noticiero era narrar los hechos en el lugar como en la radio…
De afuera ya lo teníamos todo… llegaron otros colegas y teníamos que buscar el plus… es decir, lo que nos tenía que diferenciar de los otros noticieros televisivos que salían antes de nosotros que íbamos a las 11 de la noche.
De pronto el jefe del operativo policial me llama a un lado y me dice que van a ingresar por la parte trasera del concejo y que sólo vaya con mi equipo. Nos apartamos de los colegas sigilosamente y fuimos apurados….colocaron una enorme escalera y trepamos….todo grabado y narración en la subida…
No puedes equivocarte, pues no hay tiempo para retomar el audio o repetir la acción… en una, sí, en una…
Ahí se coló un gráfico de un diario que oportunamente tomó las fotos que acompañan este texto. Lucho, qué será de Lucho.
Subimos al segundo piso y de allí al techo… una visión clara desde arriba de la toma del local… la policía con un megáfono pedía rendición a los encapuchados y eufóricos trabajadores… al notar nuestra presencia desde abajo nos gritaban que no grabemos…
Observábamos y luego retirábamos el rostro y la cámara….de pronto una explosión y corro a buscar refugio cuando me vi en el medio de un piso frágil de calamina canalón que por el peso se agrietó en segundos y caí pesadamente de una altura aproximada de 4 metros…..como estaba con el micro enganchado a la casetera, al caer jalo al asistente y éste a su vez al camarógrafo…. no existían los inalámbricos entonces…
Caí de espaldas sobre un escritorio… sólo veía el polvo que produjo la rotura del techo… a un metro mi auxiliar gritaba desesperado pues se había fracturado un brazo y el camarógrafo tendido requería ayuda…
-”No disparen, no disparen”, se escuchaba desde afuera la voz de varios colegas que se enteraron de nuestra caída…..
-”Son periodistas y están mal heridos”….
Traté de comunicarme con “coladera”, pero la radio se dañó por la caída… Los policías ayudaron a sacar a mis amigos y los llevaron al Cayetano Heredia… Yo salí por mis propios medios y llevé lo que quedó de la cámara y casetera a la móvil… Pero a los pocos minutos sentí mi cuerpo paralizado y pedí también que me trasladen…
Entré por emergencia… ya no sentía mi columna… cuando entro pregunto por mis colegas y no me daban razón… Afuera escuchaba a reporteros preguntar por nuestra salud… y me preocupo porque una de las mas jadeantes colegas le dice al enfermero que la deje entrar porque aparentemente uno había muerto…
Por supuesto que me toque el cuerpo, la cabeza y me pregunté si no era yo… y pregunté en voz alta por mis amigos y gracias a Dios los dos respondieron… “cuando no” dije… la jadeante reportera, amiga mía, buscaba entrar a como de lugar para grabar…
El auxiliar fractura de brazo, el camarógrafo contusiones y golpes en la espalda y yo con algunos moretones… ese día no era nuestro día fatal… tras una semana de descanso volví a recibir mi cuadro de comisiones en papel cebolla manchada de carbón a seguir buscando noticias…









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